PULITZER

Esta semana se dieron a conocer los premios Pulitzer 2007 a lo mejor del periodismo en los Estados Unidos. Este reconocimiento cumple 90 años de galardonar lo más destacado del ejercicio noticioso, dividido en diferentes categorías. 

En esta última edición Oded Bality, fotógrafo israelí de la agencia Associated Press y que ronda los 27 años de edad, se llevó el premio en la categoría de mejor foto de noticia. 

Se trata de una imagen captada en los territorios ocupados, en donde se ve a una mujer judía enfrentando sola a la policía israelí en el desalojo de Cisjordania. Imagen por cierto, que ya había ganado este mismo año el primer lugar en un rubro similar del World Press Photo. 

Por otro lado, en la categoría de fotorreportaje, destaca el premio obtenido por Renée C. Byer, del diario The Sacramento Bee (con más de 20 años de experiencia) y quien realizó un conmovedor reportaje gráfico sobre la historia de un niño con cáncer que lucha junto a su madre por sobrevivir a esta cruel enfermedad y que al final pierde su batalla por la vida. 

Sin duda, este último trabajo al que me refiero, cuenta con una tremenda fuerza narrativa. La serie consta de 40 imágenes en blanco y negro, que nos lleva por diferentes momentos en la vida de Derek Madsen de 10 años, quien pelea por su vida, mientras su madre lo acompaña en este viacrucis. 

En este reportaje podemos ver momentos de tristeza y solidaridad que cohabitan en un cuerpo frágil lleno de amor frente a lo inevitable. A lo largo de más de un año, la fotógrafa Renée C. Byer compartió día a día el dolor de esta familia; ella nos ofrece imágenes de ternura, de profunda intimidad con los protagonistas de esta tragedía; el dolor de la quimioterapia, los juegos, un abrazo eterno, el llanto de su madre a solas, las colectas para pagar el tratamiento, la terapia en el hospital y el ambiente durante el funeral. 

No se trata de una historia de muerte, sino todo lo contrario: es el relato de una lucha por la vida, acompañado por el amor incondicional de una madre, que también, de alguna manera, va muriendo junto a él. La imagen que acompaña esta columna fue tomada 10 días antes de la muerte del pequeño Derek, quien apenas alcanzó a llegar a los 11 años de edad, y que finalmente falleció en los brazos de su madre en mayo del año pasado. 

Cuando veo este tipo de trabajos, en donde el fotógrafo se compromete, se apasiona por una historia de vida y suma su talento al resultado final, me pregunto: ¿qué hace falta en nuestro país, para ver a los fotógrafos mexicanos con este tipo de propuestas?